Por el Día Internacional de la Traducción: La pantera de Rainer María Rilke

Se trata de uno de los más conocidos poemas del Rainer María Rilke, poeta que nació en 1875 en Praga y murió 1926 en Suiza, y que es considerado como uno de los más importantes poetas en lengua alemán. Naturalmente, un poema tan famoso ha sido traducido muchas veces a muchas lenguas ¿entonces por qué hacer otra versión más en un mismo idioma?

La traducción de un poema nunca es definitiva, puede ser mejor o peor, pero nunca es perfecta; siempre es una aproximación y una interpretación de la persona que lo traduce, la cual a su vez está condicionada por muchos factores. Quizá no haya ninguna forma más exigente para profundizar en un poema como la de tratar de trasladarlo de un idioma a otro. La traducción de un poema es compleja porque quiere transportar todas sus características: la forma, la estructura, el ritmo, el tono, la emoción, la economía de las palabras etc. Y a menudo surge el dilema: ¿qué salvar y qué sacrificar? Cuanto más diferente es la lengua original de la lengua del destino más difícil resulta este transporte. La traducción de poesía siempre es un acto creativo basándose en el máximo respeto por el texto a traducir. La pantera es un poema muy especial, aquí va mi versión en castellano:

La pantera

Tan fatigada su mirada por el desfile de barrotes
que no retiene ya más nada. 
Le parece que existen miles de barrotes
y detrás de miles de barrotes, nada.

Los pasos fuertes trazan con sedoso movimiento
círculos muy cerrados con agilidad,
como un baile de una fuerza en cuyo centro
se halla aturdida una poderosa voluntad. 

Solo a veces el telón de pupilas se alza
sigilosamente para que una imagen se cuele, 
recorra el cuerpo y su calma tensa -
hasta que, por fin, en el corazón se muere.

Sobre la magia de la imaginación

La imaginación es esa magia 
que nos permite vestir la piel de otros
sin importar que esta sea
negra o blanca,
masculina o femenina,
vieja o joven,
de una cultura o de otra.

No hay fuerza más trasformadora
que la creatividad,
y todos los mundos posibles 
empiezan con ella.

El mago convierte 
ante nuestros ojos asombrados,
y por arte de magia,
y con su varita mágica,
y con un viejo sombrero de copa
un conejo en una paloma
sin que él sea
ni el conejo ni la paloma,
y sin asemejarse
a ninguno de ambos.

El mago habla una lengua propia
para comunicarse con nosotros,
y curiosamente la comprendemos,
aunque nunca sabremos
cómo hizo para que un conejo
se convierta en paloma.

El eco del día

Una vez más, el sol se precipita al mar,

rojo fuego que enciende el firmamento,

naranjas llamas que pronto se tiñen de morado

anticipando una temida oscuridad.

De improviso, una estrella empieza a centellear

y mientras la luz se desvanece lentamente

miles de diamantes engalanan el cielo esperanzado

configurando representaciones arcaicas de la eternidad.

La noche resuena como el eco grave

del día que muere con gesto suave.

Transformación lingüística

Una vez más, los espacios se estrechan,

el aire se enrarece,

y de repente tus amigos hablan un lenguaje

que tú también conoces,

pero nunca has aceptado,

y ellos dicen palabras

que se precipitan como adoquines

por sus lenguas

o silban como disparos

desde entre sus labios,

y se comportan

como si hubieran hablado siempre así,

y como si fueras tú

quien está retorciendo las palabras corrientes

hasta la incomprensibilidad,

sin embargo, cuando hablas tú,

ellos te miran extrañados

como si les supusiera mucho entender

el sentido real de tus frases, como si

no estuvieras del todo cuerda,

si fueras de otro mundo,

o si hubiera algún motivo más

para no tomarte en serio.

Y te esfuerzas en explicarles,

que el lenguaje que ellos hoy emplean

como si fuera el suyo,

era, aún ayer, el lenguaje de otros,

pero ellos son incapaces de recordar

quienes son esos supuestos otros,

y te reprochan,

que tú eres la que habla de forma diferente,

y que, por lo tanto,

tú eres la otra.

Y como tus palabras no logran llegar a ningún destino,

su eco resuena grave en tus oídos,

y por un breve y cruel momento

las dudas empiezan a congelar tu corazón,

y de repente te cuestionas,

si eliges las palabras adecuadas,

si estás enfatizándolas correctamente,

y durante un segundo glacial,

en el que te sientes morir,

la incertidumbre te trastorna:

olfateas el aliento putrefacto de la culpa,

notas la acusación en la nuca como un puño de hierro,

un segundo que parece una eternidad

– hasta que por fin tu sangre caliente y desafiante

vuelve a circular por tus venas

y de golpe te acuerdas

que tú y tu lengua

sois uno

mientras permanezcas fiel

a ti misma.

Autotraducción. Original en alemán publicado en la antología: ¿Sálvese, quién pueda? – La cotidianidad sencilla de la resistencia. [Rette sich wer kann? Der kleine Alltag des Widerstandes] Editorial Geest 2021

Paisajes de corazón

Hay sueños que se realizan sin más,

en un momento oportuno

basta el soplo de un viento juguetón

para llevar la semilla a donde crezca

y dé inicio a un nuevo ciclo de vida

como si ello no fuera un milagro,

y una mañana te encuentras con

un sueño de infancia olvidado

en paisajes lejanos de tu corazón,

y descubres un tesoro perdido

en las infinidades oscuras del fondo marino:

se realiza todo aquello

en lo que solo un corazón de niña

tuvo el valor de confiar.

Otros sueños no se realizan

a pesar de todos tus esfuerzos

para dar forma y vida a lo que más

inquieta y preocupa tu corazón

y tu mente se aferra a la ilusión

de un futuro que recompensará tu lucha

y coronará con sentido tanto desvelo

mientras sigues haciendo cada nuevo sacrificio

en el nombre de los anteriores:

renunciar sin haber conseguido nada

sería una traición a tus propios ideales,

significaría la negación de toda trascendencia

y un salto al abismo que ha acompañado

tu camino desde hace siempre.

Sin embargo, son los sueños que te dejan sentir

el latido del corazón y el riesgo de errar te mantiene viva

o, tal vez, el peligro de perderte en la niebla

cuando andas por caminos no marcados.

No es la realización de tus sueños

que te engrandece, que al final te valora

y permite superarte a ti misma, sino

es el propio andar, el camino mismo,

son los desafíos cotidianos, como si supieras

en lo que creer cuando nada está cierto:

no tienes más reino

que el reino de tu corazón;

hace falta mucha humildad

para ver los milagros.

El poeta que nada escribía

Vivía en aquel pueblo un poeta

que nunca había escrito una sola palabra,

nunca había creado ni un único verso

que hubiera emocionado o conmovido,

provocado lágrimas o compasión,

que hubiera mejorado mínimamente el mundo

a través de reflexiones profundas y agudas,

explorando la condición humana y lo que la trasciende

o que hubiera trasmitido aquella paz interior

que provoca la belleza cuando toca el corazón.

Él no sabía nada de la magia de las palabras,

ni de aritméticas lingüísticas o de versos sonados,

tampoco de ritmos o rimas y, menos, de estilos o escuelas,

en verdad, él no se consideraba poeta para nada,

era la gente del pueblo que se burlaba de él

y decía: ¡mirad, ahí va el poeta, qué chiflado!

y se reían a sus espaldas y también en su cara.

A él poco le importaba, era un ser solitario:

trabajaba el campo como anteriormente había hecho su padre,

y más que con los hombres hablaba con los animales.

Compartía con ellos las experiencias genuinas

de nacimientos y muertes,

traducía los mensajes del silencio

o de una brisa leve moviendo el trigo,

descifraba los secretos de la vida

en el lento amanecer de los inviernos,

pero temía las sombras crecientes

que preceden a la oscuridad de la noche

porque sospechaba que personificaban

sus propios fantasmas y miedos.

Se maravillaba ante la belleza y sabiduría

de una simple flor campestre y

participaba en la magia que se produce

cuando el tiempo se desvanece

y los espacios del alma se funden

con los de una naturaleza infinita,

pues conocía cada rincón de su interior

igual como cada palmo de su tierra.

Él no escribía poesía, la vivía.

Pero él, ni siquiera, lo sabía.

Un solo paso en falso

Basta un ligero cambio de aire

para cambiarle la cara a la soledad,

una nube que se desvía,

una lluvia que no cae,

un solo paso en falso

y el bosque frondoso que siempre

te llenaba de paz e inspiración

se convierte en negra ceniza,

en un paisaje apocalíptico

donde no reconoces

ningún punto de referencia;

un solo paso en falso

y el trigo rubio que se mueve amorosamente

bajo los besos distraídos de un viento veraniego

se transforma en dunas movedizas,

pantanos afogarados sin vida

donde tu garganta arde con sed y desesperación;

un solo paso en falso

y el jardín lleno de flores y fragancias, colores y ternura,

escondite de secretos ingenuos, amores no consumados

aparece como matorral agreste, maleza espinosa

donde todos los caminos están equivocados

y tu brújula señala todas las direcciones.

La soledad vende sus tesoros

a un precio desorbitado:

fuiste demasiado fácil de engañar.

Tiempo interior

Un cubo de oro desparramado

sobre la superficie áspera

del mar: papel crepe.

He hecho trampa y robado

unos momentos al hastío cotidiano.

El sol todavía está

muy alto, la tarde en suspenso y

los contornos de las islas

se desdibujan en el horizonte.

Aquí soy otra –

no la que estaba sentada

frente mi pantalla inerte.

Intento arrancar al tiempo

un bocado de aire, un destello de luz,

el sonido del agua que salpica

la roca con sal, quiero

parar el velero encima la cresta:

conservar la imagen en memoria.

¿Cuánto durará el vuelo

de la gaviota artista del aire

antes de desvanecerse

en la nada de mi tiempo interior

como la arena fina del reloj

que corre y se agota?